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Se cumplen 87 años de la proclamación de la II República

 Que el nombre de quienes fueron vilmente masacrados en defensa de la República, de los ideales de libertad, igualdad y justicia social,   no se borre de la historia, que su muerte no quede en el olvido, que su vida sea la memoria imperecedera de generaciones futuras y que la indiferencia no sea el silencio que justifique la injusticia.

 

Se cumplen 87 años del comienzo de la II República española. Aquél 14 de Abril de 1931,  los ideales de una gran cantidad de hombres y mujeres impulsaron la esperanza de que un sistema lastrado por la corrupción política, donde los más desfavorecidos entre las clases sociales eran pisoteados y humillados, desapareciera para siempre y naciera una España democrática, culta, igualitaria, solidaria. No pudo ser. Desde el momento de su nacimiento, la II República española, estuvo rodeada de enemigos que hicieron imposible el proyecto de dejar atrás siglos de atraso. La Guerra Civil significó no sólo destrucción, muerte y exilio, sino también la perdida de la infancia, la ruina de los ideales de juventud de toda una generación. Y la paz de los vencedores, fue la paz de las cárceles, de los cementerios, de las fosas comunes… Poca gloria hay en que los triunfadores fusilen a un poeta, dejen morir a otro en el exilio y condenen a un tercero  a una muerte lenta en prisión; poca gloria hay en abonar la tierra con el fruto de su venganza.

España está sembrada con los restos de hombres y mujeres que creyeron que sus ideas llenas de esperanza, podían cambiar el destino de sus vidas y de su patria hacia un futuro lleno de proyectos. Los verdugos que cortaron de raíz aquellas vidas y aquellos proyectos, buscaban para sus víctimas que la tierra no les fuera leve, que cayera sobre sus cuerpos como una pesada losa, que ocultara sus nombres, que privara a sus familias de un lugar de duelo y de memoria. Para ocultar las pruebas de sus crímenes, los asesinos usaron tapias, rincones oprobiosos de cementerios, cunetas, montes, pozos, despoblados, simas o chimeneas de minas; incluso como si ni el propio suelo firme les bastara, la fría oscuridad de lagos, lagunas y del mismo mar. Aquellos actos de barbarie estuvieron envueltos por el miedo, el silencio y la represión sobre las familias de los asesinados, sobre cuyas tumbas sin nombre, se quiso que soplara el viento del olvido.

Asturias no ha sido ajena a esta  ignominia y la lucha de muchos por evidenciar una parte negra de nuestra historia, por recuperar la dignidad de quienes yacen en lugares olvidados, por devolver a sus descendientes la posibilidad de honrar sus restos, no puede sernos ajena. Pero debemos ir más allá y negarnos a que desde instancias públicas más o menos condicionadas por ideologías o presiones se quiera echar tierra sobre el asunto, usando palabras como reconciliación y olvido, para justificar crímenes gravísimos. Nuestro deber no es sólo mantener el  recuerdo, de quienes regaron con su sangre la tierra que les vio nacer y no cometieron otro delito que pensar de forma diferente a sus verdugos, y que sus descendientes reciban el reconocimiento moral que se merecen, sino también se reconozca la culpabilidad de quienes segaron sus vidas.

Decía José Saramago, que hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia.

Este es nuestro  afán.

AGRUPACIÓN SOCIALISTA DE MIERES  Casa del Pueblo Manuel Llaneza, primera planta, sector izquierdo  Plaza del Mercado s,n 33600 Mieres del Camín.  Tlf. 985 466 273 

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